miércoles, 11 de mayo de 2016

Capitán América Civil War: no es tan fabulosa


Capitán América: Civil War (2016) está muy lejos de ser esa gran cinta que la mayoría proclama y celebra. Está por debajo de The Avengers (2012), Captain America: The Winter Soldier (2014) e incluso Iron Man (2008).

Quienes la critican negativamente señalan que desaprovecha el material del cómic de Mark Millar, otros le exigen un tratamiento más maduro y hay quienes le reclaman un mensaje más elaborado. En realidad, ninguno de estos aspectos por sí mismos determinan que Civil War sea una cinta regular. Una película con mucho artificio, pirotecnia y recursos efectistas, pero regular al fin y al cabo.

El problema es que carece de una motivación o eje central. No hay una gran historia detrás de toda la parafernalia y el desfile de personajes. Solo una serie de eventos que tienen como mayor logro la ansiada lucha en el aeropuerto. Si alguien cree que el verdadero sentido de la cinta es el conflicto final entre el Capitán América y Iron Man, podemos asegurar que hay más dramatismo en el tráiler que en la secuencia misma de la película. Con todo lo densa y enrevesada que fue, Avengers: Age of Ultron (2015) plasmó mejor la rivalidad y el dilema moral entre el Capitán América y Iron Man. 

Civil War es una película que se deja ver y que tiene una escena para el recuerdo (la del aeropuerto), pero eso es todo. Es seguro que los fans estarán en total desacuerdo con estos comentarios. Sin embargo, en gustos y colores...

Lo bueno
El enfrentamiento en el aeropuerto es una de las mejores secuencias de acción en una cinta de superhéroes. Bryan Singer debe andar asustado: si no muestra algo similar en su nueva versión de “The Hunger Games”, perdón “X-Men: Apocalipsis”, estará frito. 

Más que el Iron Man de Robert Downey Jr., es el Capitán América de Chris Evans el mejor personaje. Estamos en el inicio de la Fase 3 de Marvel y es el más sólido de toda su saga cinematográfica. Es un personaje que bien podría cerrar un ciclo de manera épica con su muerte. ¿Se atreverá Disney a hacerlo?

Spider Man es divertido. Ant Man justifica su presencia en la lucha en el aeropuerto. Black Panther es una buena caracterización. 

Lo malo
Civil War no es Civil War. No comparemos la cinta con el cómic. Simplemente la premisa que nos vendieron antes del estreno de la película no se cumple. Lo que nos insinúa el tráiler jamás sucede. El enfrentamiento entre el Capitán América y Iron Man no gira en torno a algún dilema moral ni trata sobre el futuro de los Avengers. Es un hecho fortuito sin real dramatismo y que se resuelve en los minutos finales sin riesgo alguno.

El manejo publicitario de este tipo de blockbusters los está destruyendo por adelantado. La ansiedad de los fans por ver la cinta y el afán de los estudios por asegurarse hasta el último centavo, hacen que sus varios trailers y adelantos desbaraten cualquier posibilidad de sorpresa. Las mejores escenas de Civil War (salvo la intervención de Spider Man y la escena de Ant Man) fueron mostradas antes del estreno. 

El tono ligero de la cinta le resta cualquier pico dramático. Con todo lo desastrosa que fue Batman v Superman, sus secuencias de acción tienen mayor intensidad y emoción. 

Lo feo
A Marvel-Disney les cuesta hallar verdaderos malvados en sus cintas. Salvo Loki (Tom Hiddleston), que es megalomanía antes que acción, no ha habido verdaderos villanos en la saga fílmica de Marvel. En Civil War no existe un real antagonista. Si no apuestan por algo nuevo y arriesgado, ni siquiera Thanos hará la diferencia.

Hay un entusiasmo excesivo con respecto a los personajes secundarios. Al igual que Ant Man e incluso Hulk (el cinematográfico, no el del cómic), Black Panther funciona en breves apariciones. ¿Pero en una cinta en solitario? Parece que la maquinaria publicitaria ya empezó a querer manipularnos una vez más.

El desgaste del género es palpable. No solo porque se limita a repetir una fórmula, sino porque cada vez se hace peor y de forma más simplificada. Ya no tenemos películas que nos cuenten algo, sino solo largometrajes que van directo a nuestros sentidos. El problema es que ya hemos visto todo lo que el CGI puede hacer. Y una batalla coreografiada como la del aeropuerto funciona una sola vez. Nada es más contundente que una buena historia y Civil War es una historia pequeñita e irregular con algunas escenas dignas de una trama más significativa.

viernes, 19 de febrero de 2016

Umberto Eco: Adiós al gran maestro


Umberto Eco (1932-2016)
"Los libros no se han hecho para que creamos lo que dicen, sino para que los analicemos. Cuando cogemos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir”

Su partida este 19 de febrero me ha hecho recordar de golpe toda la emoción personal que me regalaron sus libros. En especial "El nombre de la rosa". 
Eco fue el maestro lejano que me permitió edificar un mundo extraordinario hecho de palabras, de erudición y de agudo pensamiento. Pero sobre todo fue un crisol de placer espiritual, literario y estético. 
Incluso con su muerte me ha vuelto a regalar un momento de reflexión y de introspección. 
Tal vez aquel mocoso que leía sus relatos estaba más cerca de la lucidez que el adulto en el que se convirtió al pasar los años. 
Hoy, al escribir estas líneas, por un momento vuelvo a ser aquel mocoso lleno de ilusión para despedirme de un maestro generoso.
Gracias, Umberto Eco.

"Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus"



jueves, 18 de febrero de 2016

No sueñes (se terminó)

Si pensaban que este es un post de despedida de este blog... ¡pues se equivocaron!

Don't Dream It's Over es una de las baladas rock más conocidas en el mundo. Originalmente lanzada por la banda australiana-neozelandesa Crowded House en 1986 como parte de su álbum debut, llegó a ser la canción más exitosa de la banda y, para muchos, su única canción conocida.

Composición de Neil Finn, vocalista y guitarrista de la banda, la letra hace referencia a las rupturas amorosas y a salir adelante de las mismas.



Es también una de las canciones más versionadas. En 1991, el gran Paul Young lanzó una versión del tema en su recopilatorio From Time to Time – The Singles Collection.



La banda Sixpence None the Richer lanza su versión en su álbum Divine Discontent de 2003.



Otros la han interpretado en presentaciones específicas como la que aparece en un episodio de la popular serie Glee.



La ganadora del Britain Got Talent, Susan Boyle, nos regala una gran interpretación de este tema.



También tenemos la versión de Fergie y Rahsaan Patterson ambos dos niños de 12 y 13 años respectivamente.



Existen muchas versiones más, pero por el momento hemos querido compartir estas con ustedes.

martes, 5 de mayo de 2015

Avengers Age of Ultron: ¿La fórmula se agota?

¿Se agota la fórmula o la paciencia del cinéfilo atento?
Es cierto, Avengers: Age of Ultron (2015) no tiene ese pico emotivo que The Avengers (2012) alcanzó por momentos. Y a pesar de ser unos minutos más corta, parece más densa y larga que la primera entrega. A Joss Whedon le faltó esa escena que deja sin aliento al espectador, que lo llena de júbilo casi infantil al ver a sus héroes reunidos (o en todo caso, la coloca al final, luego de haber agotado toda la historia). Le faltó más de una pausa entre tantas escenas de acción vertiginosa. Y cuando la tuvo, la usó en los personajes equivocados. A cambio, su cinta está llena de acrobacias pirotécnicas y escenas de acción ralentizadas para felicidad de los fans, y de un claro oficio para sostener a tantos personajes y tantos elementos dentro de una historia coherente.

A pesar de todo ello, del dilema lineal de las cintas de superhéroes, del corsé obligado de la historia repetida, del arquetipo del antagonista megalómano e histriónico, Whedon se despide con una cinta mejor a los desastres de Thor: The Dark World (2013) y Iron Man 3 (2013).

Avengers: Age of Ultron es casi un modelo para armar, la guía de cómo dirigir una superproducción ultra-archi-comercial sin apartarse de los cánones exigidos por la dupla Marvel-Disney. Sin ser extraordinaria, la película entretiene; y muestra tantos personajes conocidos de las cintas previas del mundo Marvel que es imposible no celebrarla; pero al igual que el personaje de Ultron, no puede desligarse de su lado artificial ni de sus elementos de gratuitos clichés y obligadas cuotas de humor.

No creo que sea una cinta tan mala como señalan algunos críticos. Pocos se detienen a valorar con justicia la laboriosa dirección para encadenar cada escena de acción y la abundancia de efectos especiales llevadas a niveles cada vez más colosales. O el esfuerzo del director por mantener el carisma y la conexión de los personajes con el espectador. Por dotarlos de un par de frases que pretenden darles una complejidad que les es negada por la misma naturaleza de la cinta. 

Whedon puede dejar tranquilo la posta a los hermanos Russo; aunque la pregunta es si la fórmula ya no se está desgastando. O tal vez sea este humilde espectador el que simplemente se cansó de la misma. Tal vez lo mejor es ir y verla sin ninguna expectativa y, si es posible, con ojos de niño, o de adolescente atosigado de palomitas.

Bonus track: Lo que sigue son comentarios con puros spoilers.

Vision: la crítica lo celebra como el personaje más interesante. En realidad lo es por los diálogos que tiene sobre todo al final con Ultron y los poderes que muestra. Pero su “nacimiento” ni es extraordinario ni impacta, además de que es imposible no ver en los primeros planos, a pesar de todo el maquillaje, a Paul Bettany, el actor que lo interpreta (un rostro menos conocido hubiese funcionado mejor).

Quicksilver es el personaje más flojo de todos. Aaron Taylor-Johnson carece de carisma y es un cúmulo de clichés, incluso su muerte. En este tipo de cintas mucho es el carisma natural del actor o la caracterización del personaje, pues no hay espacio para más.

La mejor batalla: no es, aunque todos lo digan, el enfrentamiento entre Hulk y Hulkbuster. Sino la del Capitán América contra Iron Man, en la que también participan los personajes de Bruce Banner (Mark Ruffalo), Quicksilver, Scarlet Witch (Elizabeth Olsen) y Hawkeye (Jeremy Renner). Para este humilde espectador, es breve pero intensa y mucho más interesante que el resto de enfrentamientos. Además, el buen Banner se muestra furioso y capaz de entrarle a la acción sin necesidad de convertirse en Hulk, y eso fue una grata novedad.

El error de Whedon: si la intención del director fue darles mayor profundidad a los personajes del Capitán América, Thor y una historia detrás en el caso de Black Widow (Scarlett Johansson) al mostrar los sueños a los que son inducidos por Scarlet Witch, el resultado fue contrario. Lo mismo pudo dar a entender reduciendo el tiempo de esas imágenes y usando todos esos minutos en algo más interesante.  

El supervillano. Ultron es otra guía o modelo para armar. Tiene todo lo que exige Marvel a un villano en sus cintas: histrionismo, frases hechas y ominosas, extravagancia, efectismo y más de un disfuerzo (un mérito es que Ultron es generado por CGI). Pero es tan rápido su surgimiento como sus malvadas motivaciones, su momentánea unión con Scarlet Witch y Quicksilver o la aparición de su superejército. Ultron es solo una excusa para las escenas de acción y el lucimiento de los superhéroes en la batalla final, y los encuentros a la mitad, y antes de la mitad, y así. 

Las superbatallas. Ver a los superhéroes luchar contra cientos de enemigos anónimos, por más espectacular que sean los efectos especiales, tiene un nombre: repetitivo. No te vas a aburrir, pues Whedon felizmente no es ese desastre llamado Michael Bay. Pero es el mejor ejemplo de que la fórmula se acaba.

La preeminencia de la flecha. Todos celebran también el mayor protagonismo de Hawkeye. Pero se siente algo forzado el verlo como el eslabón que une a todo el grupo, cuando nunca tuvo esa preeminencia.

El paso del tiempo. Ultron se merecía la pausa necesaria para convertirse en el verdadero antagonista que se anunciaba; además de que solo la magia del cine (y el hecho de que Whedon logra atontarnos con tantas escenas de acción) puede explicar que tengamos que asumir que existen de la nada y de improviso cientos de cientos de réplicas de Ultron, y una superplataforma volante construida debajo de una ciudad para destruir el mundo.

El lujo de tener buenos actores. Es imposible negar el acierto de Marvel para elegir a sus actores. En casi todos los casos, tienen el carisma suficiente para hacer creíbles a sus personajes solo con un par de frases y un par de bromas bobas (aunque hasta ahora Scarlett Johansson no me llega a convencer). Los mejores son Iron Man (Robert Downey Jr. se interpreta de memoria a Tony Stark) y el Capitán América (Chris Evans) que a pesar de toda su rigidez representa al típico superhéroe clásico. El peor es Thor (Chris Hemsworth) que parece cada vez más una parodia de sí mismo. Lo que nos permite imaginar cuál personaje tiene el mejor futuro en sus siguientes cintas: el Capitán América. Ahora, que Marvel-Disney lo vuelva a echar todo a perder con un guion ridículo como Thor: The Dark World y Iron Man 3, ya es otro tema.

Todos es ninguno. La razón por la que nos quedamos con la batalla entre el Capitán América y Iron Man, es la misma por la que nos gustan los duelos de espadas, uno contra uno, o el clásico duelo del lejano Oeste. La contraposición de los dos rivales eternos, de los dos protagonistas principales. Y porque la lucha entre o contra ejércitos ya cansa desde que la saga de El señor de los anillos revivió aquella veta para Hollywood.

El guante. Saben a cual me refiero y esa es la escena poscréditos. Pero aunque la imagen de Thanos sea la promesa de una gran cinta, hasta aquí llego y al menos en cuanto a cintas de superhéroes (salvo tal vez la siguiente de Batman v Superman: Dawn of Justice), les dejo la posta a Blue Citizendr. robert. Para mí, ha sido suficiente de cintas de superhéroes. Ya no puedo verlas con los ojos del niño de once años que alguna vez fui. 


lunes, 27 de abril de 2015

Una película con corazón. Algunos apuntes sobre el guion de ¡Asu Mare! 2.

¿Qué no se ha dicho ya de ¡Asu Mare! 2? En realidad, creo que varias cosas faltan por decirse. Para empezar, su singularidad: se trata de una película autobiográfica en tono de comedia con pretensiones comerciales, dirigida a un mercado que le suele dar la espalda a su propio cine y basada en la popularidad de un personaje que dejó la televisión (el medio por excelencia para ser famoso en este país) hace varios años.


Un gran reto que, conocidos los números de la taquilla, se ha superado muy por encima de todas las expectativas. Es en este momento en que saltan las alarmas de los críticos y “críticos” de cine, y todos empezamos a opinar con buena o mala leche, hay de todo.


Se pueden resumir todas estas críticas más o menos así: que la realización cinematográfica está impecable, pero el lenguaje cinematográfico deja mucho que desear; que la dirección de arte es perfecta, pero la puesta en escena resulta inexpresiva; que el casting está de lujo, pero las actuaciones resultan muy poco creíbles. ¿Qué ha pasado entonces para que tanto talento y muchos recursos acaben consiguiendo una película a la que podríamos definir como “incompleta”? Si hasta los más fanáticos de Cachín terminan diciendo que se rieron mucho pero que la historia es un poco simple. Yo creo que esto último es lo que nos da la pista: lo que no ha permitido que la película sea todo lo que pudo haber sido es el guion.


Hacer un guion no se trata solamente de escribir los diálogos e indicar en dónde ocurre cada escena. En el guion se establecen las intenciones de los personajes, las que se pueden decir y las que deben callar, se describen palabras, silencios y miradas. En un guion se cuenta la transformación del protagonista, a lo largo de la película, pero también a lo largo de cada escena. Se busca qué texto (lo que se ve) va a cubrir el subtexto (lo que no se ve).


El guion clásico. La película sigue la estructura clásica de guion, de libro, con los puntos de giro en los lugares que corresponden. No estoy de acuerdo cuando se dice que la película es una serie de sketches y gags uno tras otro y sin una historia que contar. Claro que hay una historia, el problema es su predictibilidad, es tan fácil adivinar lo que sigue en la historia que el público no le toma interés y se olvida de ella, y solo se queda con una serie de episodios graciosos que efectivamente pareciera que vienen uno tras otro en una línea recta. Esto es más grave cuando lo que se quiere contar es una comedia de confusiones, donde lo inesperado y la articulación compleja de es lo más valioso.


El protagonista. Otro concepto básico del guion es la construcción de personajes arquetípicos en contraposición de los estereotipos, los primeros son definiciones abstractas del rol del personaje en la historia, los otros son una serie de características concretas y visibles de los personajes en determinado rol. Los arquetipos nos dan una infinidad de posibilidades para construir un personaje, los estereotipos limitan a los personajes y anulan su desarrollo. En esta película, el protagonista no es solamente un estereotipo, es un personaje más concreto aún, es Carlos Alcántara, y la empatía con el personaje que representa en la película depende únicamente de la empatía que el espectador tenga con él. En este sentido el personaje estuvo mucho mejor desarrollado en la película anterior, perdiendo en esta segunda parte la posibilidad de enriquecerlo.


El antagonista. No consigo entender a este personaje, a veces es un antagonista tonto y otras veces es un antagonista hábil. Al parecer lo vuelven tonto para poder hacer los chistes y lo vuelven hábil para que la historia avance, quitándole credibilidad al personaje. Una tarea particularmente difícil considerando que al mismo tiempo se jugaba con elementos del actor en la vida real.


Es una película localista. He leído que algunos dicen que unos de los grandes problemas de esta película es lo localista de su tema. Lo peruana que puede ser esta película es una falsa desventaja, pues mientras más localista es una película más universal se vuelve. Lo local de una película nunca es un problema, y esto se puede ver desde en el cine más independiente y de autor hasta en el cine más comercial. Claudia Llosa supo en sus dos primeras películas crear historias que solo podían ocurrir en el Perú y ambas lograron trascender internacionalmente. Películas buenísimas como “Monsoon Wedding” (India) o “Nadie sabe de gatos persa” (Irán) son extremadamente localistas, y han circulado por el mundo entero. En Estados Unidos las ciudades dan incentivos para que sus calles y lugares sean utilizados en las películas, porque saben que a través de ellas darán a conocer su ciudad al mundo, con todos los beneficios que eso trae, creando un círculo virtuoso en donde el cine (entre otras formas de expresión) alimenta la imagen de una ciudad de la que luego el mismo cine puede tomar como marco. El problema en “¡Asu mare!”, más evidente en “¡Asu mare! 2”, es que todo el peso de la película se pone en esas referencias localistas, sólo sirven para reírse de ellas, no se utilizan para conocer a los personajes ni para mover la historia.


Los conflictos y el subtexto. Hay varias escenas en las que las intenciones de los personajes son obvias (haciendo que la secuencia sea poco interesante), hay otras en donde los personajes no tienen intenciones que estén relacionadas con la historia (haciendo que la secuencia sea irrelevante), éstas últimas ocurren en varias escenas que lo que buscan es ser graciosas, está claro, pero se debió buscar la manera de mantener el chiste y avanzar con la historia al mismo tiempo (en algunas secuencias si consiguen esto). Y también hay escenas en donde las intenciones de los personajes son poco claras, y en cuanto a esto último me llamó la atención la escena en la comisaría. La escalada de sucesos llega a un clímax en el momento en que Cachín dice en la comisaría que se quedará con su amigo porque la familia y los amigos son más importantes que tu enamorada, pero este momento tan importante en la historia se debilita por dos razones: 1) es algo que ya lo dice en la escena anterior en casa de Emilia (en un corte a la celda, que por cierto funciona muy bien). 2) el personaje de Emilia no establece una posición firme contra la que Cachin reaccione y así cobre importancia su decisión de quedarse con su amigo, sólo le sugiere que deje al amigo, no lo obliga.


Los coros. Tal vez lo mejor logrado en la película sean los coros: los amigos que acompañan al protagonista y el compañero del antagonista. Algunos mejor desarrollado que otros, son personajes que podrían haber sido una serie de clichés que felizmente han podido evitar con mucha originalidad.


Una película con corazón. Luego de todo lo dicho, algo que no se puede negar en esta película, y en su predecesora, es que tienen corazón. Yo lo noto en lo detallista que puede llegar a ser la película en muchas secuencias, lo veo en las partes mejor logradas de la película, pero donde más lo aprecio es en las fallas, en las imperfecciones que te hacen ver que algo está vivo. Creo que como público, debemos aprovechar que nuestro cine más comercial está en esta etapa en donde todavía se le puede ver el corazón, antes que se convierta en una industria desalmada que nos vende historias perfectas.


viernes, 17 de abril de 2015

¡Asu Mare! 2: Sin sorpresas ni riesgos

El éxito de ¡Asu Mare! 2 debe mucho a la primera entrega.
Si bien en ¡Asu Mare! (2013) de Ricardo Maldonado valoramos una propuesta cómica que se distanciaba de la habitual producción nacional, esta segunda parte está muy lejos de las virtudes de la primera. ¡Asu Mare! se sostenía sobre la base del unipersonal de Carlos Alcántara y esa era su principal fortaleza. El ingenio, la jocosidad y el histrionismo de Alcántara para recrear sus recuerdos de niñez y juventud permitieron dar vida a una historia que mantenía un humor cómplice y efectivo con el espectador. Las ocurrencias y anécdotas que se iban sucediendo tenían en los extractos del unipersonal un hilo conductor que, aunque a veces excesivo, daba coherencia a la cinta. A ello se le sumaba un nivel de producción inusual para el medio local y una propuesta visual con cierto gusto estético.

Eso le bastó a ¡Asu Mare! para que la disfrutáramos (sobre todo quienes no habíamos visto el unipersonal) y le disculpáramos algunas escenas flojas y cierto facilismo para resolver el tercio final de la cinta. ¡Asu Mare! lograba ser emotiva gracias a la voz en off de Alcántara y las tribulaciones de su personaje, e incluso las referencias y elementos de los ochenta estaban en función del relato.


El guion no aporta matices a los personajes ni a la historia.
En ¡Asu Mare! 2 (2015) no hallamos nada de lo anterior. Ya no están las escenas que generaban la risa inmediata por la performance de Alcántara sobre el escenario. Sin embargo, lo que podía ser una propuesta cómica a partir del relato y los personajes, se desperdicia porque estamos ante un guion bastante flojo.
Son las ocurrencias de los amigos de Cachín tal vez lo más efectivo en toda la cinta, un recurso que en ¡Asu Mare! era solo una parte más de una serie de elementos: las referencias del barrio, los protagonistas secundarios como parte de las vivencias de Cachín, la interpretación de otros personajes por parte de Alcántara, etc.

Los protagonistas son unidimensionales e incluso la tan celebrada caracterización de Ricky (Christian Meier) es una parodia tan plana que solo funciona porque la cinta es más plana aún. Emilia Drago está en un registro complaciente que raya con lo tonto; y la contraposición de las diferencias sociales se convierten en un cúmulo de clichés de las series televisivas.

Las escenas se suceden sin mayor hilaridad ni sorpresa.
La aparición de personajes extravagantes (como en ¡Asu Mare!) a cargo de ex integrantes de Pataclaun desentona esta vez porque la cinta es muy convencional en su narrativa. No se arriesga tampoco con el mundo lúdico de la televisión que se supone es ahora parte de la vida de Cachín y que hubiese permitido añadir matices y diversidad al relato. Todo se centra en el amor de Cachín y Emilia enfrentado al antagonismo caricaturesco de Ricky. Que la aparición de personajes como Queca y Tony funcionen mejor que otras escenas, aun cuando a la vez se sientan fuera de la cinta, habla de diferentes niveles, recursos cómicos y narrativos que no logran amalgamarse.

¡Asu Mare! 2 seguramente será un éxito de taquilla, pero sobre todo por los méritos y el grato recuerdo que dejó la primera entrega. Está muy lejos de ser una propuesta lograda y más cerca a la tradicional medianía de nuestra producción local. 


miércoles, 15 de abril de 2015

¿Quieres conocer Petrópolis?

En enero del 2014 Neil Young terminaba en Calgary una serie de conciertos que lo había llevado por algunas de las ciudades más importantes de Canadá. Esta gira con aforo completo en todas las fechas iniciaba cada presentación con una proyección de 15 minutos de duración de un vuelo sobre el área devastada por la extracción de petróleo de las arenas de alquitrán en medio de los extensos bosques boreales canadienses. Se trataba de una versión resumida del trabajo de Peter Mettler llamado “Petrópolis ­ Perspectivas aéreas de las arenas de alquitrán de Alberta” (Petropolis ­ Aerial Perspectives on the Alberta Tar Sands).
La gira “Honour the Treaties Tour” tenía como objetivo levantar fondos y llamar la atención para la lucha de las poblaciones originarias de Canadá contra los trabajos de extracción que afectan a sus comunidades y violan tratados que firmaron con el gobierno. Calgary es la ciudad más grande de la provincia de Alberta, donde se encuentra el depósito de arenas de alquitrán más extenso del planeta, que al mismo tiempo es la segunda reserva de petróleo más grande del mundo. Esa noche de enero los asistentes al concierto estaban viendo en la pantalla algo que ocurría a pocos kilómetros de su ciudad.
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El problema de la extracción en las arenas de alquitrán del norte de Alberta.
Las arenas de alquitrán son una fuente de petróleo que, a diferencia de la extracción convencional, se realiza en la superficie, haciendo necesaria la completa eliminación de todo aquello que cubra el área de producción, aumentando su impacto ambiental en comparación con la extracción mediante perforación. El problema se agudiza cuando lo que se encuentra sobre las arenas de alquitrán es una extensa área de vegetación virgen con la que por miles de años han convivido poblaciones locales.
Es en los últimos años que esta fuente de crudo se ha vuelto rentable, a medida que el precio del barril de petróleo aumenta, y conforme el avance de la tecnología lo permite. Con reservas comprobadas en Canadá, Rusia y Kazajistán, el 70% de ellas se encuentra en la provincia canadiense de Alberta, más precisamente en el norte, donde habitan dos importantes poblaciones indígenas que se verían afectadas seriamente por la inminente expansión del área de explotación, que además va en contra de tratados firmados con estas naciones originarias del norte de América.
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Un paisaje que no puede ser entendido desde la superficie.
En el documental, de 43 minutos de duración, Mettler simplemente nos muestra el área de extracción y sus alrededores, la aridez y el verdor, las grandes máquinas y los pequeños hombres que habitan esta desoladora coreografía. El autor no tiene un discurso confrontacional y se limita a dar sólo algunos datos objetivos sobre lo que estamos viendo. Tal vez no son los suficientes como para formarse una opinión personal al respecto, pero sí para interesarse en el tema y empezar a averiguar por uno mismo qué es lo que está sucediendo en estas tierras.
El autor logra su objetivo. Luego de ver la película he ido a buscar en Internet cómo es la situación en este momento de lo que él describió hace seis años en este documental del año 2009. Lo que se muestra es una realidad no sólamente vigente hasta hoy, la extracción continúa, la producción ha aumentado, el área de explotación se ha expandido y se prevé que para el año 2020 la contaminación en la provincia de Alberta sea igual al conjunto del resto de provincias del país.
¿Quieres saber cómo se ven hoy las arenas de alquitrán de Alberta? Es posible observar claramente la zona de extracción en la vista por satélite de Google Maps:
La versión de 15 minutos la puedes ver aquí: https://vimeo.com/84170239.
Este texto apareció también en la Revista Digital de Cine Sala1 (revistasala1.com).